Lo que no hace nuestra prensa

Al parecer la crisis de credibilidad de la mayoría de las empresas informativas en México es más grave de lo que vemos a simple vista. Es prudente aclarar que hablo de los grupos empresariales informativos, y no así de periodistas -aunque hay también mucho que analizar en ese rubro-. El juicio es aventurado y estoy consciente de ello. Pero me parece que por lo menos puede alentar, cual hipótesis, un debate amplio sobre el estado que guarda la prensa mexicana.

En diciembre 2012 hubo dos notas relevantes sobre México en la prensa norteamericana: El New York Times tocó el tema de los sobornos a autoridades mexicanas por la empresa Wal-Mart y  Washington Post dio a conocer una lista de nombres de 25 mil personas desaparecidas la cual, según el reportaje, se hizo en la PGR.

Dos piezas periodísticas que claramente marcan una distancia importante con la oferta informativa regular que tenemos en México. El New York Times (NYT) realizó viajes, corroboró filtraciones, buscó a las fuentes directas y dio seguimiento por más de 9 meses a un tema. En su nota señala “según la verdad periodística” con abundante claridad que las autoridades mexicanas (principalmente municipales) recibieron cuantiosos sobornos de la empresa norteamericana. El reportaje del periódico también pone en evidencia a la misma empresa y su ineficacia y contubernio para no sancionar de manera severa dichas prácticas en países donde haya filiales. El trabajo periodístico que revela malos actos de gobierno debería servir como hipótesis para que las autoridades puedan revisar desde el ámbito de sus competencias si en efecto la información versa sobre algún tipo de delito. Lo grave es que a pesar de la precisión del reportaje del NYT ninguna autoridad mexicana ha asumido como responsabilidad suya corroborar e investigar más de fondo y castigar los actos de corrupción. El periodismo cumplió, las autoridades no lo están haciendo. Y no está de más, volver a señalar, que el tiempo, recursos e inteligencia para la elaboración de este reportaje lo hizo un periódico norteamericano y no uno nacional. El NYT contó una historia, no hizo una nota. La diferencia del ejercicio periodístico del NYT con lo que regularmente nos ofrece la prensa nacional es abismal. Nosotros como audiencia exigimos poco (o nada). Los medios se escudan cobardemente detrás de una interminable lista de pretextos para no hacer su trabajo bajo los estándares éticos que un buen periodismo demanda.

El segundo caso es el del Washington Post (WP). La filtración de información por parte de funcionarios públicos a la prensa es común en todos los países. Es una práctica protegida en diferentes países (por lo menos en aquellos donde hay mayor respeto por la libertad de prensa). El caso que presentó el WP es sumamente relevante porque a unos días de que terminara la administración de Felipe Calderón el periódico publicó una lista con nombres de personas desaparecidas elaboradas por la misma autoridad. Esto es inédito porque durante años el gobierno de Calderón se rehusó a poner nombres a las personas que estaban desaparecidas o asesinadas. Su discurso siempre fue que toda muerte o desaparición era por la guerra intestina entre carteles del crimen organizado. La lista señalaba lo contrario: 25 mil personas que no había razón para pensar que su muerte tenía que ver con alguna actividad ilícita. La persona que filtró dicha lista al WP (quien no goza de ninguna protección en México como whistleblower) lo hizo a un medio norteamericano por falta de confianza en la prensa nacional. Esta aseveración es una mera hipótesis pero que goza de un alto grade de factibilidad.

Dos piezas periodísticas que hablan de nuestro país. Dos trabajos que su calidad y oportunismo dejan mal parado al trabajo periodístico local. Ambas notas dejaron en evidencia la eterna búsqueda de nuestra prensa por las notas fáciles en vez de las historias bien contadas y de gran calado. Su afán por insertar opiniones en vez de investigar y contrarrestar. La lamentable práctica de reproducir boletines oficiales y asumirlos como su información. Los problemas añejos de nuestra prensa siguen siendo una camisa de fueraza para su desarrollo y para cumplir con su responsabilidad de ser una prensa que tenga como único objetivo el informar a la sociedad. Los problemas están ahí: bajos salarios, la cercanía de la prensa con el poder político y económico, las carencias en la formación de nuevos periodistas profesionales, el dinero público que sotiene muchos medios en nuestro país, y aún más, ese mismo dinero influye en líneas editoriales, medios de comunicación que chantajean con su información, por mencionar algunas.

Lo bueno es que seguramente por mucho tiempo seguirán existiendo periódicos como el NYT y el WP. Lo malo es que nuestra prensa está anquilosada en viejas prácticas que imposibilitan su verdadero desarrollo para los tiempos que vive el país. Con ello, pierde la sociedad su derecho a la información y aquella prensa que sí busca hacer un verdadero trabajo informativo.

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