La entrevista (que no fue)

¿Periodistas chayoteros?

 

El presidente Peña Nieto ya está otra vez en los medios. Después de largos meses de ausencia ha regresado triunfante para anunciarse en todas partes en razón de su Segundo Informe de gobierno. El discurso es triunfalista, inclusive ya algunos medios lo llaman “el gran reformador”. La reaparición está completamente calculada y planeada. Este gobierno, cada vez comprueba más que sabe cómo agarrar los hilos para que las cosas se muevan (aunque muchas veces se muevan no para adelante). El PRI está de regreso, y como dice Ricardo Raphael, nos tendremos que ir preparando que estará un buen rato.

Peña Nieto ama la tele. Le gusta ver su imagen bien cuidada, casi pulcra. Es como si se sintiera actor. Es el medio dónde se desenvuelve mejor. Fue ahí, en el Canal de las Estrellas en el programa Hoy dónde dio el banderazo de su reaparición. Empleados de Televisa le hacían dizque preguntas y el presidente dizque contestaba. Pareció más un spot publicitario que una entrevista real. La obsesión en estos momentos de Los Pinos es trasformar la percepción pública y convencer que las reformas tendrán beneficios tangibles. El formato de telenovela obligaba a explicar que ahora pagaremos menos de luz con la reforma energética.

Otro momento importante en los últimos días en términos de comunicación fue la entrevista que le hicieron seis periodistas a Peña Nieto en el marco del aniversario del Fondo de Cultura Económica (FCE). Grandes plumas como Jesús Silva-Herzog y Héctor de Mauleón, han escrito sobre el desacierto del evento. Silva-Herzog afirmó que José Carreño –actual titular del FCE)- “atropelló” a la casa editorial. No se pierdan el intercambio de columna entre Carreño y Silva-Herzog, vale la pena.

El evento en el FCE no es inocuo, como algunos lo quieren ver. Explica de manera clara muchas cosas del sistema de medios actual y de la estrategia de comunicación de la Presidencia. Lo que tenemos que darnos cuenta es que este gobierno no hace nada sin estar perfectamente calculado, y mucho menos cuando se trata de la comunicación institucional. Todo movimiento cuenta.  Vamos por partes.

Si eres periodista y te invitan a entrevistar al Presidente, no hay forma que digas que no. Ahí la justificación para la presencia de esos seis periodistas seleccionados. Lo que hay que analizar son dos cosas: ¿Se accede a una entrevista a pesar que el formato es deficiente? Uno pensaría que en eso se basaría la decisión propia del entrevistador. Al saber que el formato de seis periodistas entrevistando a un sujeto no arrojaría una entrevista “a fondo” como se llamaba el evento, ¿de todos modos se debería participar? No lo tengo claro.

Lo más grave, desde mi punto de vista, es que no sólo el formato era deficiente, sino que los seis periodistas accedían a que solamente se le preguntara de los temas que la Presidencia sugería (u obligaba, nunca lo sabremos): Pacto Por México y reformas estructurales.

Este punto ya me parece más grave. No porque los temas no sean buenos y relevantes, sino porque de entrada se cerró la posibilidad de hablar de temas “incómodos” pero reales que acogen al país y a su población. Entonces, para entender mejor, la invitación a los periodistas fue: ven, entrevista al presidente en un formato en el que él hablará el 90% del tiempo, cada periodista tendrá la oportunidad de preguntar unas 4 veces. Además, te decimos sobre qué temas preguntar y de ahí no te puedes salir. Eso sí, en esos temas y en ese orden, tienes toda la libertad. ¿A caso no hay un tema de ética periodística ahí? Me parece que sí.

Otro punto interesante para analizar es: ¿por qué se seleccionaron a esos seis periodistas? No que estén mal –bueno algunos sí- pero la pregunta me parece válida. Los periodistas trabajan en Excélsior, Radio Fórmula, Televisa, TvAzteca y Milenio. Una vez más, me parece que no está mal que hayan participado esos medios, pero mi duda es: ¿Y cuándo la entrevista con MVS, Proceso, La Jornada y Reforma? Porque lo que sí sería grave es que desde Los Pinos, se esté privilegiando a unos medios sobre los otros. Esto es grave, porque implicaría que la información de primera mano únicamente está dada algunos medios, o peor aún, que algunos medios se convierten en simples plataformas de reproducción de la información oficial, desvirtuando, así el carácter de interés público del mismo periodismo. Que dicha práctica discriminatoria hacia ciertos medios de comunicación –porque son críticos a la gestión pública- sea impulsada por la Presidencia habla de un gobierno autoritario que no reconoce el beneficio del periodismo para una sociedad que aspira –y creo que cada vez menos- a ser democrática.

La entrevista en “bolita” dio el resultado que se esperaba. El Presidente hablando cómodamente (y se debe señalar que sí se le veía suelto y conocedor de los temas), los entrevistadores haciendo preguntas relativamente sencillas y sin capacidad de rebatir las respuestas. No afirmo que las preguntas estaban dadas ni mucho menos. Reconozco que cada periodista hizo las que le parecieron pertinente, la pregunta a ellos sería ¿Y por qué esas preguntas? ¿Son en verdad las más relevantes? Me pareció que todas eran de botepronto y sin ningún intento de poner al Presidente contra la pared y verdaderamente cuestionarlo.

El momento culmen fue cuando León Krauze interpeló al Presidente después de su afirmación que decía “la corrupción es un tema cultural”. En ese momento el periodista señaló la gravedad de lo que el Presidente había afirmado. De la entrevista en conjunto salieron algunas frases célebres de la boca de Enrique Peña Nieto, como el hecho de que el “Pacto estaba muerto” y que se quedaron muchos punto muy importantes como letra muerta, según reza el Presidente. También señaló que la consulta sobre la reforma energética, a la que se aferran los perredistas, jamás pasará, según lo que se dejó ver en el subtexto del discurso oficial. Al final, la pregunta del periodista de cómo le hacemos para combatir la corrupción no fue contestada. Ahí el augurio de nuestro futuro.

Otro momento relevante pasa por ver a Lilly Tellez, conductora de TV Azteca, hacer el oso en televisión nacional. Cierto que podía preguntar lo que quisiera, pero desperdiciar sus intervenciones en preguntas como: ¿Sr. Presidente, de dónde sacó el valor para hacer lo que ha hecho? Con cara permanentemente sonriente lanzó otra vergonzosa pregunta ¿Por qué se animó a promover las reformas, de dónde la fuerza para ese impulso? Pero la conductora sin duda dio muchas risas a los usuarios de redes sociales. Eso sí se le agradece.

Simpático fue ver en pantalla la fobia de Pablo Hiriart contra el PRD. O la pregunta de Denise Maerker de cómo el gobierno iba a controlar las empresas extranjeras si la corrupción e impunidad es tan alta en nuestro país. Pregunta que fue atendida con una afirmación: “tenemos al IFAI y a la Auditoría Superior de la Federación”. Sin comentarios. Se extrañó la habilidad de Pascal Beltrán y Ciro Gómez.

El formato de pocas preguntas y largas respuestas no cumple los mínimos criterios de una entrevista periodística real. Obvio tenemos que celebrar que el Presidente salga a los medios de comunicación a comunicar, es su prerrogativa convencer que lo que está haciendo está bien. Pero para que eso funcione, debe de tener interlocutores que le coloquen otra mirada de la realidad, la cual puede estar bien o mal pero que existe.

Lo cierto es que el Presidente se está placeando en los medios. Pero sólo en aquellos medios que lo hacen sentir tranquilo, que no lo incomodan ni cuestionan. A los otros, ni los ve ni los oye.

Un comentario a “La entrevista (que no fue)”

  1. nonsmart

    ¿este es el mejor análisis que pudieron producir sobre el circo mediático? mal editado, rellenado con “memes” para distraer la mediocridad del texto, y repitiendo información más que discutida semanas antes. pero bueno.

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