Héroes invisibles

A la memoria y reconocimiento de James Foley

No pude ver el video de la decapitación del periodista James Foley. El consumo de la barbarie tiene su límite. He leído textos de la valentía y generosidad de Foley. Algunos textos del periodista mientras recorría el territorio sirio donde se lleva a cabo una guerra animada por el desdén de la comunidad internacional. Es una guerra que ha cobrado más de 190,000 muertes, las cuales al parecer no son suficientes para poner a Rusia y a Estados Unidos de acuerdo sobre el futuro de Bashar Al-Assad.

Imagen CNN
Imagen CNN

Inmediatamente pensé en el heroísmo de cientos de personas, periodistas y trabajadores humanitarios, que caminan por campos minados, que atienden a los más jodidos de los jodidos en los conflictos armados. Aquellos, como Foley, que buscan rescatar las historias de las personas que sufren las guerras, mientras que los pistoleros desalmados intercambian fuego.

Pocas personas tienen el compromiso que tenía Foley. Más hombres y mujeres como Foley es lo que necesita este mundo. Requerimos de más personas  que se preocupen menos por pendejadas y más por el bienestar, inclusive de aquella persona que ni conocen. Esas eran las historias de Foely. Escribo y reparo en mi grosero idealismo. Ni modo. Lo asumo.

La madre de James Foley escribió en su Facebook: “We have never been prouder of our son Jim. He gave his life trying to expose the world to the suffering of the Syrian people.” Así, sin más, una madre orgullosa que es la primera que reconocía el trabajo para el mundo que hacía su hijo.

Imagen New Yorker
Imagen New Yorker

Hay personas así, sí las hay. Personas de bajo perfil  que cargan una cámara, una libreta, algo de comida, o algún equipo médico mientras del cielo caen morteros. Personas cuya vida pende de un hilo. Personas que son botines de guerra o prendas de cambio entre maleantes.

James Foley es un ejemplar de una especie de personas que buscan hacer de la guerra algo más humano. Una estupidez pedirlo, luchar por ello y sostenerlo. Pero así nació el derecho internacional humanitario, con la afirmación de que los estados van hacer la guerra y ésta tenía que ser más humana. Vaya estúpido razonamiento que describe lo poco humanos que son los humanos.

Dedíquele 30 segundos a pensar en los compañeros de Foley, en esos periodistas que siguen allá afuera, que creen en el poder de la información, en la responsabilidad del informador de no aventar al baúl de los olvidos una cruenta guerra como la de Siria, Israel-Palestina, Somalia, etcétera. Dentro de cada conflicto hay esos héroes invisibles.

Sin recuperarme de la noticia barbárica, la prensa ya traía en portada otro ejemplo más de los niveles de crueldad del ser humano. Y decimos que lo que nos diferencia de los animales es el uso de la razón. Ni madres. Somos más estúpidos, sin duda más estúpidos.

Por todas las redes ya circulaba el video sobre la ejecución de 18 personas palestinas –acusadas de proveer información a Israel- a manos de militantes de Hamas. La barbarie, una vez más. La crueldad como andamiaje para hacer la guerra. Israel nos mata, pero nosotros matamos –tal vez- de manera más cruenta.

Imagen El País
Imagen El País

La paradoja de nuestro tiempo. Alabar al internet como herramienta de conocimiento. La herramienta soñada en las páginas de Huxley o Asimov. Hoy la rapidez, la viralidad del contenido da pie para que escenas dantescas, como la decapitación de Foley, pueda dar la vuelta al mundo en cuestión de segundos. El mensaje de los bárbaros -de los terroristas- ha llegado a todo el mundo. Y llegó porque tenía que llegar, me queda claro. Pero no deja de ser lo absurdo de la información.

Dedíquele otros 30 segundos a pensar en lo que les cruzó por la mente a aquellos periodistas y trabajadores humanitarios que siguen su camino y los avatares de convivir tan cerca con la muerte. Piense en el compromiso de dichos personajes para vencer el chilling effect que buscan imponer las imágenes del periodista ataviado de naranja flanqueado por el decapitador con acento británico y sin rostro humano.

La crueldad al alcance de un clic. Los mensajes de la escoria human colgados de YouTube, Facebook o Twitter. La nueva comunicación de grupos terroristas que saltan a los intermediarios y llegan directamente a los consumidores. El morbo que inunda las redes sociales parece no tener fin y siempre será la señal de aliento para el próximo video.

El trabajo periodístico de James Foley no tuvo el mismo consumo. Sus fotografías e historias apenas eran leídas por algunos cientos. Pero esas son las que valen la pena. Las del monstruo sin rostro ojalá queden en el olvido.

 

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