Vamos a protestar, chingados.

“Son unos nacos los que protestan”, le escuché decir a un señor en la calle. Señalaba con indignación cómo la policía había permitido que los vándalos rompieran tantas ventanas y mobiliario público. Las imágenes de los disturbios habían sido constantes por más de 24hrs en todos los canales de televisión. No había más explicación, simplemente la prensa generalizó y volvió hacer (en la gran mayoría de los casos) mal su trabajo. En vez de satisfacer el derecho a la información de la sociedad con información balanceada, oportuna y verificada, lanzaban información a estilo de consigna en contra de los manifestantes.

No todos los que salieron a protestar violaron la ley. Muchos (y no tengo el número si no se los pasaba) salieron a ejercer su derecho a la libre manifestación y expresión. Vaya, salieron a mentar madres con toda la protección constitucional. Qué democracia estamos formando en donde la sociedad misma, con la ayuda de los medios de comunicación, busca limitar el disenso. Me parece preocupante que la misma sociedad criminalice, banalice y sentencie a aquellas personas que opinan diferente y que hacen notar su diferencia. Ojo, y por favor no caigamos en simplismos ramplones, no defiendo los actos de violencia en donde la integridad física de cualquier persona puede estar en riesgo. Pero hasta que no entendamos que debemos de alentar y dar cauce a las protestas y expresiones disímbolas, no  lograremos transitar a otro estadio más allá de la democracia electoral.

Los juicios fáciles. Las opiniones livianas. La manipulación por doquier. La llegada de Peña Nieto ha sido como muchos querían que fuera. Con golpes y desmanes. Lo cierto es que el sábado la Ciudad de México vivió uno día violento. Es un grave error caer en juicios fáciles que llegan a conclusiones francamente tontas. Me parece que basta un caso en dónde se comprueben irregularidades para que las autoridades correspondientes tomen todas las medidas necesarias para reparar a la víctima. De lo contario, se está solapando la impunidad más dañina. Ningún abuso de la autoridad puede estar justificado y quedar impune. Esto nos afecta a todos.

Parece ser que los últimos días de Marcelo Ebrard serán recordados por su infortunado comentario: “fueron actos de barbarie“.

Algunas breves reflexiones al respecto:

  1. El derecho a la protesta es fundamental en toda democracia. El derecho a la libre asociación y libertad de expresión son derechos humanos de acuerdo a la Convención Americana de Derechos Humanos, artículos 16 y 13 respectivamente. El sábado muchas personas lo ejercieron con toda responsabilidad. Sin duda tenían derecho a expresar su rechazo al ascenso del nuevo presidente.
  2. Enrique Peña Nieto ganó con el 36.6% de los votos del electorado. El hoy presidente tuvo menos de la mitad de los votos generales. Esto quiere decir que gobierna con una minoría del electorado. Por lo tanto, parecería obvio señalar que hay muchas personas con un profundo descontento con el presidente.
  3. La protesta no es igual al vandalismo. Este último está tipificado claramente en el código penal. Aquellas personas que cometieron estos actos tienen que enfrentar a la justicia. Se les tiene que respetar el debido proceso pero deben de ser castigados. No hay más debate al respecto.
  4. Lo que debilita seriamente nuestra democracia y el estado de derecho son las violaciones a derechos humanos cometidas por autoridades. Según Artículo 19 varios periodistas fueron agredidos por la fuerza pública. Así mismo, Amnistía Internacional, señala que decenas de manifestantes fueron detenidos de manera arbitraria e ilegal por la policía capitalina. De parte de cualquier gobierno, esto simplemente es inadmisible. Del discurso de izquierda a la realidad autoritaria.
  5. La Procuraduría del DF tiene que dar más información. Ya está circulando de manera clara y constante la versión de que hay muchas (decenas) de personas que fueron consignadas sin que haya evidencia de que participaron en hechos vandálicos. Esto es sumamente preocupante, más si tomamos en cuenta que es la procuraduría de un gobierno de izquierda la que está fabricando culpables. Esto es inadmisible y francamente preocupante.
  6. Revisé la página de la Comisión de Derechos Humanos del DF y no encontré información sobre lo que están haciendo, qué les preocupa y qué están solicitando. Me parece que esto está mal. Deben de informar y actualizar la información. La CNDH, como en muchas otras ocasiones, brilla por su ausencia. Ahí está nuestro órgano constitucional que nos cuesta más de mil millones de pesos al año sin aparecer en los momentos de violaciones a derechos humanos. Una pena.
  7. La prensa ha hecho, en términos generales, un papel vergonzoso. Criminalizando a #yosoy132 y desinformando sobre todo lo que pasó más allá de los destrozos. Es necesario que la prensa dé seguimiento a lo que sucede con las personas detenidas de manera ilegal y presione a las autoridades capitalinas para que den información puntual sobre cada uno de los casos y cómo se integró la averiguación previa. Al final conocemos bien que muchas consignaciones se hacen simplemente por lo dicho por testigos, sin mayor prueba que la palabra de una persona.
  8. Me parece fundamental crear un halo de solidaridad en torno a las personas que están siendo procesadas  de manera ilegal. Pero me parece una abierta manipulación llamar a esas personas “presos políticos”. Desde mi punto de vista, son personas que están sufriendo los más severos atropellos a sus garantías individuales. Son víctimas de la incompetencia del estado. Me parece que dichas detenciones son producto de rasgos de autoritarismo, mala capacitación policiaca y encono social. Pero no me parece que lleven el elemento de persecución policía. Ahora bien, también reconozco el dolo de las autoridades al imputar cargos de “delitos contra la paz” en forma de pandilla.
  9. Ya aparecieron algunos legisladores que creen que regulando las manifestaciones se acaba el problema. El oportunismo político no tiene límites
  10. Las opiniones livianas sobre vándalos y nacos son reflejo de ignoracia. El incorporar adjetivos y desinformación en medios de comunicación es reflejo de un pobre periodismo. Y el silencio y la rectificación de las autoriades es reflejo de la ausencia de su espíritu democrático.

Un comentario a “Vamos a protestar, chingados.”

  1. Hector Bautista

    Lo que se demuestra con esto, es que necesitamos todos, tomar conciencia plena de lo que hacemos y como lo hacemos, como siempre lo he dicho: Es la manera y la vía en la que se hacen las cosas, lo que marca la diferencia y por supuesto, el resultado que esperamos. Y considero que aplica para todo, incluso en la libre manifestación de nuestras ideas y el disentir entre unos y otros, pero siempre actuando con responsabilidad, con respeto y sin caer en un desenfreno de violencia y agresión,que como nos ha señalado la historia, no nos puede llevar a nada bueno.
    HB.

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